Mi Biografía

Elda Vence quiero ser mama fertilidad

Nací en la ciudad de Panamá, dentro de una sociedad conservadora. Mi madre tenía 22 años cuando se quedó embarazada de mí. Soy la mayor de 4 hermanos, y todos nos llevamos apenas 1 año. Así que, antes de los 30 años, mi madre ya tenía 4 hijos. Mi padre necesitó 2 y hasta 3 trabajos para mantenernos, así que toda la crianza recayó sobre mi madre, y un poco sobre mí. Yo también me convertí un poco en madre de mis tres hermanos.

Habiendo crecido dentro de una familia numerosa, también deseaba casarme, tener mis propios hijos y formar una familia tradicional. Nunca imaginé ni deseé otro posible futuro para mí. Como mi madre, también estudié arquitectura en Panamá. Terminé la carrera y en 2001 decidí ir a Barcelona para estudiar un máster en diseño. Allí, por primera vez me sentía libre. Empecé a viajar por Europa, a conocer otras formas de ver y vivir la vida, me empecé a expandir y a cuestionar todo lo que me habían enseñado. Al cabo de un tiempo conocí a Alex y nos casamos.

Trabajé como arquitecta autónoma durante 8 años. Pero en 2012 sentí una intuición muy fuerte: “No he venido a este mundo a estar sentada todo el día frente a un ordenador”. Ciertamente me sentía aburrida y un poco cansada. Y un día, en la puerta del despacho apareció un cartel que decía: “Curso de Masaje y Osteopatía”. Siguiendo mi intuición me apunté al primer año, que consistía en estudiar anatomía y aprender diferentes tipos de masaje. ¡Y sorpresa!, descubrí que me apasiona el cuerpo humano. Así que opté por seguir con la Osteopatía, durante 3 años más.

En la escuela adquirí una visión completamente nueva del cuerpo y la salud, y empecé a comprender cómo las emociones afectan a nuestro cuerpo físico y a nuestra mente.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Paralelamente a mis nuevos estudios, mi esposo y yo ya llevábamos un tiempo intentando quedarnos embarazados, pero los hijos no llegaban.  Así que decidimos buscar ayuda médica. Nos recomendaron una primera inseminación artificial y empezamos el tratamiento. La primera dosis hormonal produjo un shock en mi cuerpo. Necesité mucho tiempo de recuperación después de ese primer tratamiento. Me sometí a dos inseminaciones artificiales más en un periodo de dos años. El siguiente paso era hacerme una fecundación in vitro, y aquí otra vez mi intuición se impuso con claridad.  Ese no era el camino para mí. 

Después de los tres tratamientos mi cuerpo estaba enfermo, mi sistema digestivo estaba completamente bloqueado y no toleraba casi ningún alimento.  Ahí encontré mi límite. Por otro lado, emocionalmente estaba destrozada, había vivido dos años de “montaña rusa emocional”: ilusionándome, decepcionándome, culpándome e ilusionándome nuevamente ante cada tratamiento. Me sentía sola, frustrada, perdida, profundamente triste y llena de impotencia.  El proyecto familiar que tanto había deseado no se manifestaba y no podía hacer nada para cambiar la situación.

 Busqué a una terapeuta holística que me ayudara a comprender las causas de no poder quedarme embarazada. Y aquí fue donde empezó mi auténtico proceso de sanación. Sin saberlo, la búsqueda de mi maternidad se había convertido en la puerta a mi espiritualidad: empecé a mirarme hacia dentro, a descubrirme, a reconocerme, a comprender lo que había vivido en mi infancia y a sanar la relación con mi madre.  Durante toda mi vida me había resistido y había luchado contra cada una de las experiencias “negativas”, rechazándolas por completo. ¡Mi rebeldía ha sido enorme! Un camino que sólo me ha llevado a estar exhausta. 

Aceptar que no podía tener hijos ha sido, sin duda, mi mayor reto en esta vida. Fue un proceso que me tomó casi 7 años y aún sigue.  A través del arte, la terapia y mucha observación interior, empecé a reconocer que mi felicidad no está sujeta a mi profesión, a mi familia, a lo que tuve, a lo que tengo, o a mi capacidad de tener hijos. Una puede perderlo absolutamente todo, y a la vez sentirse plena y realizada. Lo único que no se puede perder es a una misma, una vez que te has encontrado.

Quiero que otras mujeres que no han podido ser madres comprendan que todo su valor no está contenido en la maternidad, que su felicidad no depende de tener hijos, que son creadoras de sus propias vidas. Todas las mujeres somos “madres”, no porque tengamos hijos biológicos, sino porque somos creadoras de realidades, de proyectos, de cambios en la sociedad.  Las mujeres disponemos de un potencial creador extraordinario. Tan solo necesitamos compromiso con nosotras mismas para hacer este camino de descubrimiento interior y ponernos al servicio de la humanidad. Tú también tienes una historia que contar.