No puedo tener hijos. Comprendiendo el duelo de la maternidad.

Quiero tener hijos y no puedo fertilidad

Pérdida, duelo y dolor.

Toda la vida deseaste ser madre, hiciste todo lo que estuvo a tu alcance, pero aun así los hijos no llegaron. Y ahora sientes un gran dolor e impotencia, una enorme frustración de tener que renunciar al proyecto de vida familiar que siempre soñaste.

Renunciar a nuestra capacidad de tener hijos biológicos se experimenta como un demoledor sentimiento de pérdida, un cataclismo en el núcleo de nuestra existencia.  Nuestra estructura interna se derrumba, y a partir de este momento, ya no sabemos en qué creer, ni quiénes somos, o hacia dónde vamos.

Sin embargo, es muy natural que la incertidumbre, el dolor, la angustia y la tristeza ante la pérdida de nuestra capacidad de tener hijos nos genere miedo, frustración y, sobre todo, resistencia ante el nuevo escenario en el que nos encontramos. Pero, por otro lado, toda pérdida significativa requiere de una dosis de esfuerzo, aceptación, entrega y resiliencia.  Parece que la vida nos invita a tomar una nueva dirección en nuestras vidas, un camino que por supuesto, al principio no queremos mirar.

Internamente iniciamos un proceso de duelo que se debate entre el dolor desgarrador, y la imposibilidad de aceptar la excesiva realidad de no poder quedarnos embarazadas.  La incertidumbre de una vida sin hijos se apodera de nosotras.  Esto no es lo que esperábamos que ocurriera, no es lo que deseábamos para nuestra vida. Y, sin embargo, aquí estamos, como las protagonistas de un escenario aparentemente cruel el injusto que nos proyecta un futuro incierto. 

"La pérdida y el dolor son compañeros inseparables".

Es aquí cuando debemos adentrarnos en nuestro proceso de duelo personal, un proceso adaptativo que implica mucho dolor y sufrimiento, pero que nos abre la posibilidad de resignificar nuestra vida.

Los duelos… duelen.  Son uno de los mayores retos a los que se enfrenta un ser humano: aprender a convivir con lo ausente, con lo que pudo ser y nunca será. Como mujeres que deseábamos ser madres, no podemos (ni debemos) minimizar o evitar que la pérdida de nuestra maternidad duela, de hecho, es la única respuesta natural que podemos ofrecer ante tal situación.

 Es importante reconocer lo que sentimos y darnos el espacio-tiempo para gestionar nuestro profundo dolor.

Una mujer que no puede tener hijos se enfrenta a múltiples pérdidas simultáneas. Sin duda, uno de los más grandes desafíos de su vida.  Elaborar adecuadamente este duelo es el camino que nos ofrece la naturaleza para readaptarnos y reconstruirnos como mujeres y creadoras.

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“El duelo es la manera como la naturaleza sana un corazón roto”.

Ripio Espiad

El TRIPLE DUELO
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Desde la perspectiva de mi propia experiencia personal, las mujeres que no podemos tener hijos nos enfrentamos a la pérdida de tres aspectos esenciales de nuestras vidas. Por esta razón, el duelo de nuestra maternidad es un duelo muy complejo que merece toda nuestra atención y comprensión para poder elaborarlo adecuadamente. 

En primer lugar, veamos: ¿Qué es un duelo?

Quiero utilizar la definición etimológica que utiliza Cristina Centeno Soriano en su manual sobre Gestión del duelo y las pérdidas, proveniente del latín:

Podemos deducir que, en la elaboración del duelo, el dolor y el combate interno conforman el núcleo de este proceso.  Se trata pues, del dolor por lo perdido, pero dentro del contexto de una “guerra interna”, donde nuestra parte sabia y profunda quiere aceptar que lo ausente ya no está; pero otra parte nuestra, la psique, quiere comprender, cuestionar, elaborar a su ritmo lo que está sucediendo.

Me quedo con la definición que desde mi punto de vista más se adapta al duelo de maternidad que experimenté. Bucay (2004) dice:

“El duelo es el proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva realidad”.

Entonces, el duelo se define como el proceso de adaptación emocional después de cualquier pérdida.  Se podría decir que es el proceso de soltar algo que formaba parte de nuestro mundo (físico, mental o emocional) y aprender a vivir con dicha ausencia. Pero necesitamos gestionarlo gradualmente, paso a paso vamos permitiéndonos sentir el dolor, la rabia, la tristeza… empezamos a reconstruir los significados de todo lo que compone nuestras vidas, perdemos lentamente el pasado de lo que podría haber sido y no fue, y en su momento, estaremos listas para enfocar la energía en nuestro futuro.

La elaboración de este duelo no tiene un tiempo, ni un ritmo determinado más allá de la capacidad de la mujer que lo vive; y no depende del paso del tiempo, sino del trabajo que se realice. La vida está llena de pequeñas y grandes pérdidas significativas, lo que supone para todos los seres humamos un continuo aprender a adaptarnos, y crear nuevas formas de pensar y sentir.

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“El proceso de duelo se asemeja al pasaje por un túnel.
El único modo de salir de él es atravesarlo.
Quien elude entrar en el túnel, elude el itinerario necesario para volver a entrar en la vida, posterga y prolonga el dolor”.

Cristina Centeno Soriano

Según Yalom (1984), el duelo suele ser devastador porque nos confronta con los 4 conflictos básicos de nuestra existencia (ver vuadro).

En resumen, como mujeres que no podemos tener hijos: perdemos nuestra maternidad, algo que sentíamos muy “nuestro”; no tenemos posibilidad de elegir otro resultado, nos sentimos solas y aisladas; no podemos llegar a comprender por qué nos está pasando esto.

 

Una mujer que no puede tener hijos renuncia a 3 aspectos de sí misma.

1. Pérdida de la capacidad biológica de tener hijos

El proceso de duelo se inicia ante cualquier pérdida significativa. En este caso, la mujer ha perdido una función corporal, el útero “llora el vacío”.  Nuestro útero está diseñado para crear y albergar la vida.  Todas las hormonas de nuestro cuerpo, desde que tenemos nuestra primera menstruación, hasta hoy, están pulsando continuamente para que esta creación de vida biológica se produzca. Es la fuerza de la especie humana que empuja a través de nosotras para reproducirse.  El cuerpo prepara el útero cada mes, una y otra vez, pero éste sigue vacío. Esta primera pérdida consiste en la pérdida de la capacidad para crear vida biológica y engendrarla.

Empezamos a sentir que nuestro cuerpo está dañado.  Y es aquí donde generamos la primera fractura con nosotras mismas. Empezamos a cuestionar y rechazar nuestro propio cuerpo físico. Nos molesta que no haga “bien” sus funciones, que no nos sirva como esperábamos. Nos sentimos como mujeres deterioradas, fragmentadas y dañadas.

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2. La pérdida de lo que pudo ser y nunca será.
Los hijos deseados que no llegaron.

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Teníamos una idea muy concreta sobre cómo sería nuestra vida adulta, la familia que queríamos formar, los hijos que queríamos tener. Esos hijos que deseábamos eran tan reales para nosotras, deseados y esperados.  Esa idea formaba parte de nuestro mundo mental y emocional, pero ahora nos enfrentamos a que nunca conoceremos a esos niños.  No les veremos crecer ni desarrollarse en este mundo.

Nunca podremos sentir lo que siente una madre por sus hijos, o lo que siente una abuela por sus nietos.  Como madres, no podremos acompañarlos a su primer día de cole, ni podremos verlos enamorados, nunca conoceremos a sus amigos. Es la pérdida de todo lo que podría haber sido y no será.  Y esto produce un dolor desgarrador, un desconsuelo profundo. Todo el potencial de la experiencia de la maternidad ha desparecido de golpe.

3. La pérdida del proyecto de vida familiar y social

Se trata de la pérdida de nuestro proyecto de vida familiar y también social.  Nos habíamos imaginado en el rol de madres dentro de una familia. Este era el lugar que queríamos ocupar, quizás algo parecido a lo que hizo nuestra madre y también nuestra abuela. Queríamos crear una familia con hijos y vivir todas las experiencias que se derivan de tenerla. Tener hijos implica una serie de relaciones humanas, actividades y vivencias que se derivan de su mundo de formación escolar, sus relaciones con otros niños, etc. Pero toda esa posibilidad también se ha perdido.

 ¿Y ahora qué? Una gran incertidumbre se presenta delante, jamás nos habíamos imaginado como las protagonistas de este escenario. Nuestras creencias y estructuras mentales se deshacen.  Ya no sabemos quiénes somos, ni hacia dónde vamos. 

“El sistema de creencias necesita curarse y recomponerse, igual que el Alma.”

Elizabeth Kübler-Ross y David Kessler

El cuarto duelo... las pérdidas gestacionales

Quiero agregar un cuarto duelo para aquellas mujeres que también han experimentado pérdidas gestacionales:

4. Perder antes de nacer. Los que no nacieron.

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Muchas mujeres viven pérdidas gestacionales o perinatales durante el proceso de los tratamientos de fertilidad asistida. Se quedan embarazadas por un corto periodo de tiempo, pero éstos no llegan a término. El útero le dio forma y lo alimentó durante un tiempo, pero no hay un resultado bebé.  Y ahora este útero también “llora” su ausencia. (Hablo en términos de lo que siente el cuerpo físico porque es donde se alojan las emociones, en forma de memoria celular). 

Se podría decir que el cuerpo no olvida hasta que sanamos la herida emocional y éste es capaz de avanzar.

Todas estas cuatro pérdidas se superponen y viajan junto a nosotras a partir de ahora. Iniciamos nuestro proceso de duelo, empezamos a aprender a convivir con estas ausencias y con todas las emociones involucradas.  

 

“Te encuentras en un momento vulnerable y sensible… así que no le restes importancia a lo que estás viviendo, ni quieras apresurarte en pasar página. Tu duelo requiere de atención, paciencia y mucho amor”.

Las etapas del duelo
cuando no puedo tener hijos

Toda pérdida genera, en la persona que sufre, un proceso de duelo no lineal.  Existen varias fases dentro de este proceso, pero realmente no existe un patrón u orden de etapas. 

No hay dos duelos iguales, cada uno es propio y único según la persona que lo está experimentando. Esto quiere decir que no es un proceso universal: nos acercamos y alejamos del dolor hasta que encontramos la fuerza para afrontarlo. Pasamos de una fase a otra y puede que volvamos al principio más de una vez.

El proceso del duelo es un marco de adaptación, un proceso vital que nos permite llegar de forma gradual a la aceptación de lo que hemos perdido.

  Desde mi punto de vista, lo más importante es comprender que cada una de las etapas que componen el duelo representa un mecanismo para graduar el inmenso dolor y pena que sentimos. No seríamos capaces de gestionar de golpe, todo el dolor que nos produce la pérdida de nuestra maternidad. Así que estas fases ya estudiadas representan esos mecanismos inteligentes para poder hacer frente a esta excesiva realidad

Durante un duelo, nuestro reloj interno se detiene, tenemos delante la promesa de una vida diferente a la que habíamos imaginado, y que por supuesto no nos gusta.  Todas las pérdidas son dolorosas, así que podemos empezar por reconocer que nuestra pérdida es profunda y merece atención, sin comparaciones. Nadie, solo tú, sabes la profundidad del vacío que sientes, así que tu propósito en este duelo es reconocer de forma completa lo que has perdido. 

“No se trata de superar etapas, salir rápidamente del duelo y pasar página, sino de hacer todo el proceso. Es lo que nos prepara para aprender a vivir con la ausencia”.

1. Etapa de la Negación. “No puedo tener hijos, no puedo creer que me esté pasando a mí”.

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El primer mecanismo para afrontar el dolor es esa sensación de estar viviendo en una especie de “sueño”.  No es una negación literal de lo que está ocurriendo, sino más bien simbólica. Es una protección que nos permite distanciarnos momentáneamente del dolor. 

Hasta ahora, nunca nos habíamos imaginado la posibilidad de no tener hijos. Como todas pensamos alguna vez: esto les pasa a otras mujeres, no me pasará a mí.  Pero aquí y ahora te está pasando y resulta tan increíble como inaceptable.

“La negación es el amortiguador del efecto choque.
El aturdimiento del primer momento hace que no se viva como una situación del todo real”.

Cristina Centeno Soriano

2. Etapa de la Ira. ¡La vida es injusta conmigo!

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La ira es el primer sentimiento que aflora, seguido por otros. Sentir esta ira es fundamental, permítete sentirte enfadada, grita si hace falta.  Pero, sobre todo, no la reprimas. Debajo de la ira está el dolor de tu pérdida, es tan sólo otra forma que tiene el cuerpo de expresarlo. A medida que puedas sacarla, se irá disipando. Ten en cuenta que para tu cuerpo es menos difícil sentir la ira, que afrontar el desgarro del dolor.  Así que la ira es el primer paso emocional para poder gestionar, más adelante, el dolor y la tristeza de la pérdida.

“La ira es una etapa necesaria del proceso curativo. Tienes que estar dispuesta a sentir la ira, aunque pueda parecerte infinita”.

Elizabeth Kübler-Ross

3. Etapa de la negociación

En esta etapa lo que queremos es negociar con el tiempo. Queremos que nuestra vida vuelva a ser la de antes, queremos escapar del dolor. En lo que respecta al tema de no poder ser madre, queremos volver a cuando aún existía todo nuestro potencial creador biológico intacto.

Esta tendencia regresiva nos devuelve a la etapa de la negación.  La mente quiere volver al pasado, antes de que todo esto pasara. Se coloca al principio del proceso nuevamente.

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Probablemente empieces a pensar: “Quizás deba intentarlo una vez más, otro tratamiento de fertilidad… esta vez haré las cosas diferentes, lo haré mejor”.

Y claro que puedes volver a intentarlo, pero sólo tú sabes si realmente quieres y puedes volver a pasar por todo ese proceso ya conocido.  Esta etapa va muy ligada a la culpa, es otra forma que tiene la mente de huir del dolor de la pérdida: “Si vuelvo atrás quizás haya suerte y pueda reescribir mi final”. Así nos damos más tiempo para asimilar lo que está pasando.

“Continuaremos en este estado hasta que la mente no llegue a la conclusión definitiva de que: no puedo ser madre, no voy a ser madre”.

4. Etapa de la tristeza - depresión

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Finalmente diriges la atención a tu presente.  No se trata de una condición médica de salud, sino de una fase necesaria para superar el duelo. Estar en el presente te coloca de frente al dolor. Sientes una intensa sensación de vacío.  Si no puedo ser madre, ¿qué sentido tiene la vida? Me siento perdida. Sin embargo, es una respuesta normal y adecuada.  Es un recurso de tu naturaleza que bloquea el sistema nervioso para que puedas adaptarte al inmenso dolor que sientes.

“La depresión nos hace parar y ser capaces de mirar la pérdida: evaluarla, reconocerla y llorarla”.

Estamos procesando la pena. En esta fase limpiamos el camino para crecer y reconstruirnos de nuevo.  Nos lleva a un lugar muy profundo de nuestra alma, un sitio que no exploraríamos en otras circunstancias.  Me parece fantástica la recomendación que nos da Elizabeth Kübler-Ross y David Kessler en su libro Sobre el Duelo y el Dolor, así que te invito a que lo practiques:

“Depresión, bienvenida. Haz sitio para el invitado. Siéntate a su lado. Permite que la tristeza y el vacío te purifiquen, te ayuden a explorar por completo la pérdida”.

5. Etapa de la Aceptación

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“Ok, no voy a ser madre, ¿y ahora qué?”

Ya has dejado de dedicar tu energía a la pérdida y empiezas a dedicarte a tu vida. La aceptación aquí no se refiere a estar de acuerdo con lo que estás viviendo, simplemente aceptas que no ser madre es una realidad permanente para ti. Aunque no te guste la situación, empiezas a ser consciente de lo que has perdido y vas aprendiendo a vivir con ello. La aceptación no se trata de un punto final, no es un estado al que vas a llegar, sino más bien es un viaje.

 

 Y en ese camino que acabas de iniciar, aprenderás más sobre quién eres, empezarás a relacionarte contigo misma de una forma diferente, y lentamente irás recomponiendo las piezas que se han roto dentro de ti. Es un proceso de transformación profundo que te llevará a hacia una aceptación única y personal. Y con el tiempo, aparecerá la paz frente a la situación.

¿Cuánto se tarda
en superar todas las fases del duelo?

Cada duelo es único y tiene su propia forma y tiempo, porque cada mujer vive en su propio universo particular. Una pérdida conlleva una montaña rusa emocional, un cataclismo en el centro del ser, así que, procura darte el espacio-tiempo para desarrollar tu proceso personal de duelo. Mientras tanto, Siente… ¿qué es aquello que da tregua a tus emociones?, busca lo que te consuele y apóyate en eso.

Proporciónate el tiempo para encontrar dentro de ti un nuevo equilibrio.

Quiero ser madre y no puedo

Llora todo lo que quieras, el llanto alivia la pena.  No hagas caso a las voces que digan que “tienes que dejar de llorar” o “pasar página”.  Si algo quiero que te lleves de este artículo y de mi experiencia, es la importancia de coger tu dolor desde dentro y sacarlo.  Tu duelo es tuyo y sólo tú sabes cómo vivirlo. 

Ahora mismo te sientes sola, hay un muro entre tú y el mundo (y será así durante un tiempo). Este aislamiento no está relacionado con los demás (aunque la presión externa te agobia). Podrías estar rodeada de amigos comprensivos y amorosos, y te sentirías igual de sola. El aislamiento es un puerto importante en el viaje del duelo.  Pero no debes quedarte allí mucho tiempo.  Compartir el dolor es lo que abrirá la puerta a la siguiente fase.  Si ves que no puedes empujarte fuera de esta fase por ti misma, busca apoyo. 

“La verdadera espiritualidad no busca culpables, consiste en llegar a la parte más pura de nosotros, la parte más conectada al Amor, la parte que está conectada a la Fuente.”

Elizabeth Kübler-Ross

Yo pasé por todo este proceso sintiéndome muy sola. Tardé siete años en transitarlo.  Aislada, luchaba contra mis propios sentimientos.  Ahora puedo ver que yo no comprendía lo que estaba viviendo; un poco de guía, ayuda y comprensión hubieran sido de gran consuelo para mí.  Esta es la razón por la cual hoy quiero dedicarme a dar soporte a mujeres que están viviendo este doloroso proceso y acompañarlas hacia la realización de sus vidas y sueños.

“Haz lo que necesites para no señalar hacia un responsable como castigador y a ti como castigada.”

1 pensamiento sobre “No puedo tener hijos. Comprendiendo el duelo de la maternidad.”

  1. Hola, he leido tu artículo y me ha gustado mucho. Mi duelo era por otra cosa pero me ha servido muchísimo igualmente. Que imagenes tan originales y artísticas! Tengo preguntas después de leer tu artículo, te contactaré, muchas gracias!

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